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15 de enero de 2017

EL CINE SAINZ DE BARANDA

En el año 1949 bajo un proyecto de Miguel de los Santos Nicolás, afamado arquitecto de la generación del 25, reconocido por sus trabajos junto con Eduardo Torroja en la Ciudad Universitaria Madrileña, se construye en un solar de pequeñas dimensiones, 366 m2 aproximadamente un edificio para viviendas de alquiler y en cuyo seno iría inserto un local para proyecciones cinematográficas.
El lugar elegido para construir el edificio fue un solar despoblado hasta el momento en la calle de Sainz de Baranda nº 26 propiedad de Files S.A.
El inmueble se construiría completamente con estructura de hormigón armado, teniendo una única fachada a la calle, realizada de forma simétrica con ladrillo fino de cara vista, teniendo como únicos adornos superfluos un cuerpo central que sobresalía de la fachada, y pequeños  detalles realizados en dinteles de ventanas de todos los huecos. El edificio se dividió en dos bloques, cada uno de ellos recorrido por una escalera independiente, con dos viviendas por planta ambas exteriores.


 Alzado original para el inmueble Sainz de Baranda 26. Obsérvese la entrada al cine en la parte central, y el cartel con el nombre de Cine Retiro.

Aunque en la memoria original se indicase que las tres primeras alturas ocupadas por el cine y los portales de las viviendas iban a ir completamente forrados con un revoco pétreo, imitación de piedra caliza, realmente no se ejecutó de esta manera, quedando únicamente enmarcado con piedra el hueco central de acceso al cinematógrafo, haciendo confluir las miradas de los viandantes hacia este. Originalmente se denominó Retiro, aunque finalmente abrió con el nombre de Sainz de Baranda, al igual que la calle en el que se encontraba.


Espectacular imagen del año 1953 donde se ve una calle completamente despoblada de vehículos, y el reluciente inmueble del nuevo Cine Sainz de Baranda.

Como hemos indicado la entrada a la sala se encontraba marginada por los portales de acceso a las viviendas y no era más que una pequeña portada de piedra de dos alturas, con una cristalera en la planta de entresuelo perteneciente al ambigú, bajo esta, tres puertas dobles de acceso al vestíbulo principal. Entre ambos se había dejado espacio para el bastidor donde se colocarían los cartelones de la película en proyección, y en lo más alto las letras de neón rojo con el nombre de la sala. A ambos lados de las puertas se encontraban las minúsculas taquillas, sobre las que como era costumbre se colocaron dos grandes vitrinas para los afiches y notas de la película.


Planta baja o calle del cine Sainz de Baranda. Véase su sencilla distribución.

La sala era realmente pequeña, y tras pasar la puerta de entrada no encontrábamos un minúsculo vestíbulo decorado con sencillez. Su techo no era muy alto y estaba decorado con un gran plafón de escayola que servía de lámpara, la iluminación se veía reforzada por varios apliques modernos. Los paramentos laterales se pintaron con pinturas claras al estuco y los suelos se solaron mármoles de diferentes colores. A ambos lados y de forma completamente simétrica se encontraban las escalinatas que subían al entresuelo, y bajo estas, dos puertas de acceso al sótano, independientes cada una de ellas dedicadas a aseos para caballeros y señoras.


Un aspecto del pequeño vestíbulo de entrada del cine.

En la planta de sótano existía además un gran espacio destinado al sistema de calefacción por carbón y clima artificial además de contar con un generador en caso de corte del suministro, al que se accedía desde una portezuela frente al aseo de caballeros.


Proyecto original de la planta sótano, que sufrió algunos cambios en la realidad.

El vestíbulo tenía dos alturas quedando el más bajo paralelo al patio de butacas, recorriéndole este de un extremo al otro del edificio y dando salida a la calle por otros dos huecos uno a cada lado del edificio, confiriendo a la sala mucha seguridad en caso de evacuación.
Este vestíbulo más alargado tenía cuatro puertas centrales de acceso al patio de butacas, prácticamente enfrentadas a las salidas a la calle. Tras ellas un espacio vacío servía de acceso a las localidades que se habían dispuesto de forma muy ordenada. El suelo del patio de butacas tenía una ligera curvatura, siendo la parte central la más baja, consiguiendo de esta forma una perfecta visión de la pantalla desde cualquiera de las 297 localidades que lo componían.


Un aspecto de la pantalla desde el patio de butacas.

La decoración interior del local era muy sencilla, los suelos fueron revestidos de pavimento plástico continuado “Sintasol”, las paredes tenían un alto zócalo de tableros y el resto hasta llegar al techo se había decorado con molduras de escayola siguiendo un sencillo patrón de cuadrantes coloreados en dos tonos.  El techo bajo el piso de entresuelo había sido decorado con un gran plafón retroiluminado idéntico al del vestíbulo, iluminación que se veía reforzada por varias lámparas colocadas de forma simétrica. El techo más alto se había realizado con escayola ondulada colocada de forma escalonada, que además de engalanar el espacio ofrecía una excepcional sonoridad a la estancia, absorbiendo cualquier tipo de eco.
La pantalla estaba marginada  por una moldura de escayola y cubierta por un gran telón de terciopelo. Esta se encontraba sobre un estrado con poco fondo apto únicamente para proyecciones.
Volviendo al vestíbulo y subiendo por cualquiera de las dos escalinatas llegábamos hasta otro vestíbulo, que tenía muchísima luz ya que poseía una gran cristalera sobre la puerta de entrada.


La planta de entresuelo del cine Sainz de Baranda.

Este tenía poca altura, y era realmente pequeño; como dato curioso indicar que según el proyecto original no poseía ni bar ni guardarropía, muy posiblemente debido a sus pequeñas dimensiones.


Una imagen de pequeño vestíbulo superior.
Se había engalanado como el resto de la sala de forma sencilla y funcional, suelos de mármol, paredes estucadas y techos de escayola ondulada al igual que el interior del patio de butacas. Existían dos puertas dobles de dos metros de anchura de acceso a la rampa de entresuelo. Este tenía mucha inclinación, dando perfecta visibilidad a todas las localidades. En él se habían instalado otros 153 sillones, muy cómodos y diferentes a los del patio, dando más categoría a las localidades de entresuelo que a las de platea. En la parte posterior sobresalía la cabina de proyección, dejando a ambos lados de esta, cuatro butacas en conocida “la fila de los mancos.”



Dos espectaculares imágenes del interior de la sala días antes de su apertura. Obsérvese su sencilla y funcional decoración.

El vestíbulo del piso superior como habíamos indicado anteriormente servía de descanso y poseía además, en su lateral derecho y traspasando un grueso cortinaje un único aseo para caballeros y otro para señoras. En el extremo opuesto de la estancia una puerta nos conducía por un amplio pasillo hasta una escalera, dejando a su paso una pequeña habitación, almacén con vistas a la calle. Subiendo por la estrecha y serpenteante escalera llegábamos hasta la planta primera; un pequeño distribuidor iluminado mediante un patinillo, daba acceso a un aseo para empleados, y a un angosto pasillo que desembocaba en una amplia habitación destinada a cuarto de repaso y preparación de las cintas. En el camino a esta estancia una puerta nos comunicaba con la cabina, de nueve metros cuadrados donde se habían instalados los equipos de proyección de 35 y 70 mm y el amplificador del sistema de sonido. Poseía además el pasillo de seguridad para la evitar la propagación del fuego en caso de accidente y todos los adelantos en sistema de extinción y señalización. Este espacio contaba además con ventilación directa a un patio del inmueble, haciendo más soportable las altas temperaturas que se alcanzaban en la época estival.





La planta primera o de cabinas y secciones transversales y longitudinales de la sala.
 
La estructura del patio de butacas al igual que el edificio de viviendas se había realizado con hormigón armado, soportando el peso del entresuelo dos vigas pórtico de nueve metros, y otras cinco más sobre el cielo raso de toda la sala que además soportaran parte del peso de las seis plantas superiores de viviendas.
Concluidas las obras y concedidas la pertinente célula de habitabilidad, el cine abre sus puertas el día 4 de abril de 1953, con la proyección en sesión continua de las cintas: “Diez valientes” y “El secreto de Paula” ambas de reestreno.

 


El local programaba cintas desde las cuatro de la tarde en sesión continua, con llenos todas las tardes y noches. En 1976 ofrece una programación diferente y especial junto con el cine Bahía de la calle Cartagena nº 30, sumándose poco después en agosto de ese mismo año a un circuito junto con los cines Pompeya, Palace, Peñalver, Infantas, Rosales y Gayarre.




En los años 80 se reforma por completo, dándole un aire más moderno y acorde a los tiempos, cambian sus sistemas de sonido y proyección y reduce drásticamente su aforo a 380 localidades. En él se seguían proyectando cintas en sesión continua denominadas especiales, ciclos y reposiciones, denominándose sala de Arte y Ensayo. Cierra a finales de los 80 y tras algunas obras reabre nuevamente para clausurarse definitivamente en 1992.
Pasó muchos años tapiado y olvidado, mientras los vecinos pasaban inertes ante su puerta esperando una nueva resurrección que no llegó nunca. En 1998 unas obras alertaron a la vecindad que se puso en pie de guerra ante la pérdida de otro espacio cultural en la capital, pero no llegó a ninguna parte.
El local fue completamente desmantelado dejando al descubierto la estructura de hormigón armado original, se adecuó a un nuevo uso, y abrió de nuevo reconvertido en un espacio dedicado a los niños. Un gigantesco parque de bolas de varias alturas donde los peques se divierten cada tarde igual que hicieron sus ancestros en ese mismo lugar. La portada se conserva, un poco deformada, y tan solo el nombre del local nos recuerda que en aquel lugar existió un pequeño pero muy coqueto cine de barrio, el cine Saínz de Baranda.
  

Una imagen actual de lo que fue el cine Sainz de Baranda hoy reconvertido en Cine Aventura Agüí.


Autor: David Miguel Sánchez Fernández.
Fuentes:
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y María G. Santa Eulalia. Madrid 2000. Comunidad de Madrid.
Archivo de Villa. Expediente nº 44-106-45
Fototeca del Patrimonio Histórico. Imágenes de Pando. Juan Miguel Pando Barrero. PAN-58453 a PAN-58458

Hemeroteca ABC, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.

30 de agosto de 2016

EL CINE LIDO

Hubo un tiempo en el que en la calle de Bravo Murillo y sus aledaños se agolparon más de una decena de locales de proyecciones. Y es que la zona de Cuatro Caminos – Tetuán fue prolífera desde los inicios del cinematógrafo a este tipo de negocios.

Verbena en los Cuatro Caminos en el primer cuarto del siglo pasado.

Barriada humilde y trabajadora en la que poco más divertimentos había que el que ir al futbol, los toros, la verbena y el cinema, siendo el peor de los casos, salir de paseo.
Los cines en un principio fueron modestos barracones de madera, portátiles y que tan solo residían en aquellos solares algún tiempo, pero después aparecieron los primeros locales estables, y lo más importante era intentar congregar al mayor número de clientes en una sola proyección. Es a partir de ese momento cuando surgen los verdaderos coliseos del cine, el Europa y el Metropolitano, los dos buques insignia de la zona, el clásico Tetuán, el Chamartín o el Astur en Raimundo Fernández Villaverde, uno de los más antiguos de la zona, junto con el Montija, después convertido en Condado.
Pero llegada la década de los 50, cuando el país comienza a emerger del desastre que dejó la guerra civil, florecen en la zona  decenas de locales muy modernos y con grandes avances tecnológicos y arquitectónicos. Cómodas salas con grandes aforos y sin problemas de visibilidad. Algunos muy queridos y recordados por los vecinos, como el Cristal, Condado o Versalles, pero sin duda alguna el más nombrado y frecuentado por sus cuidados programas y sus excelentes cualidades fue el cine Lido

Don Julián Reyzabal Delgado, el patriarca de los Reyzabal.

El edificio se mandó construir por don Julián Reyzabal Delgado, el patriarca de los afamados Reyzabal, que contaba con magna experiencia en este campo, y que no quiso desaprovechar el basto crecimiento que se estaba produciendo en la zona que traería con ello miles de nuevos espectadores a las salas de cine. Hasta el momento el eje Bravo Murillo-Tetuán había estado dominado plenamente por otro de los clanes con más solera y patrimonio, los Ezquerra.  Al mando los hermanos  Amadeo y Cecilio Gómez Ezquerra, que poseían el clásico Montija, el Quevedo, el Savoy, el Tetuán, el Chamartín, y el Cristal, todos en la calle Bravo Murillo o muy cercanos a ella, lo que supuso una verdadera lucha encarnizada entre empresarios.
Es por ello que este nuevo, cine tendría que hacer sombra a todos los demás, incluso al viejo Europa con su insuperable aforo, así es que el proyecto debía ser deslumbrante.
Este nuevo cinematógrafo se construyó sobre un solar de forma casi rectangular, de 1128 m2, en el número 198-200 de la calle de Bravo Murillo, muy cercano a la boca del metro de Estrecho, bajo un proyecto del arquitecto José Luis Sanz Magallón al que acompañó el aparejador Felipe Rodríguez Lecaros.

Situado en el centro de una manzana hasta el momento despoblada se comenzó a construir el edificio a finales de 1954, con estructura de hormigón armado y un diseño vanguardista e innovador se levantó en poco menos de un año un inmueble de cuatro alturas y con una sola fachada vista que daría a la calle de Bravo Murillo.  Su alta y esbelta fachada tenía 19 metros de ancho y se elevaba algo más de 23 metros, siendo esta completamente simétrica. En la  planta baja se creó un alto hueco pórtico de entrada a la sala forrado de piedra berroqueña, mientras que el resto del inmueble se revistió con un alto muro de ladrillo visto tosco, en el que solamente destacaban varios huecos de ventana, muy pequeños y que en forma de rombo se habían repartido por toda la superficie.
     

Alzado proyectado y definitivo para el cine Lido. Las difrencias son mínimas ya que en ambos proyectos encajaban con la misma disposición interior.

Como habíamos indicado anteriormente el acceso al local se hacía a través de un gran hueco de 8,60 metros en el centro de la gran fachada que se hallaba protegido por una esbelta marquesina de hormigón armado plagada de lámparas de incandescencia. A ambos lados del hueco central y fuera de la marquesina se encontraban cuatro ventanillas de taquilla, dos en cada extremo sobre las que se instalaron dos grandes vitrinas expositoras para los afiches y notas. Sobre estas se dejó un amplio espacio para la colocación de los grandes cartelones pintados a mano con el programa en proyección.


Espectacular instantánea tomada poco después de la apertura del local en la década de los 50.

Sobre la marquesina  se colocaron las típicas letras luminosas con el nombre del local, Cine Lido. La decoración luminosa se completaba con una franja de tubo situada sobre el zócalo que limitaba la planta baja y las altas, y los 20 huecos de ventana que relucían cada noche llamando la atención de los transeúntes, formando un conjunto muy moderno.
Cuatro puertas dobles daban acceso al vestíbulo principal, dos de ellas, las centrales para entrada de espectadores, y las otras dos, laterales para desalojo de la sala. Junto a estas puertas en el lateral derecho de la fachada una portezuela daba paso directo a las taquillas y servía además de acceso de servicio.
El vestíbulo era muy alto, doble, de dos pisos de altura. Los suelos se habían decorado con mármoles de colores, en forma de rombo, siguiendo el mismo diseño que las ventanas de su fachada. Las paredes habían sido forradas con un alto zócalo de mármol dejando el resto pintado al temple en tonos claros. Para evitar excesivo bullicio al congregarse los asistentes en dicho vestíbulo los techos fueron diseñados de forma ondulada, lo que favorecía la absorción de las ondas sonoras, además de darle un aspecto muy moderno a la estancia, como nota de color sobre la puerta de entrada se colocó un amplio fresco abstracto.
Junto a las puertas de entrada de forma simétrica se colocaron dos huecos de acceso directo a las localidades de principal a las que se llegaban por dos tiros de escalera que recorrían el edificio de arriba abajo y que también daban servicio a todas las plantas del edificio.



Dos aspectos del espacioso y alto vestíbulo de entrada a Lido.






Junto a estas escaleras se encontraban los aseos para señoras y caballeros ambos con ventilación directa a la calle a través de un pequeño patinillo de ventilación. Además se acomodó una estancia para guardarropía y se creó un acceso a la planta de sótano donde se había instalado el sistema de refrigeración por “Clima Artificial” y la caldera de calefacción y resto de servicios del cine. 



Planta sótano del cine Lido donde se encontraban los cuartos de calefacción y Clima Artificial. Obsérvese el detalle de la canalización para aire que corría bajo el patio de butacas.
  
Planta baja o calle.

Volviendo al vestíbulo principal dos nuevos tiros de escalera con barandilla de metálica pintada en crema y pasamanos pulimentado subían hasta el piso superior, formando a modo de balconcillo un pasillo que daba acceso a los localidades del club. Bajo este largo corredor se repartían las cuatro puertas de acceso al patio de butacas, dos laterales y tres centrales. Todas estas puertas eran dobles, chapadas en madera de roble con tiradores de tubo de latón.
La sala de proyección se había decorado de forma muy moderna y futurista. El suelo del patio de  butacas tenía una suave  curvatura que facilitaba la visión desde cualquiera de las localidades.


Otro aspecto del vestíbulo de entrada y acceso al patio de butacas.

El piso  se había cubierto con linóleo (Linoleum) y sobre él se habían instalado las 852 butacas construidas por la afamada casa Ogema, estas de ultimísima generación se habían realizado con soporte de madera, asientos abatibles de bloques de muelles entrelazados y forradas con tejido plástico Saran, anti manchas, en un sutil color verde aceituna. Se situaron formando dos grandes bloques simétricos separados por un amplio pasillo central de 1,20 m de ancho y dos laterales de 1,50 m, todos engalanados con magníficas alfombras.


Espectacular imagen del interior del patio de butacas del cine Lido

En la parte posterior se situaron cuatro pilares de apoyo de los pisos superiores que habían sido perfectamente integrados y que no causaban ningún tipo de obstáculo a la visión de los espectadores. En el lateral derecho de la sala, existía un acceso de emergencias a la calle La Coruña, a través de un amplio pasillo en rampa de dieciséis metros de largo que se utilizaba también para salida de espectadores. Curiosamente este pasillo se construyó con anterioridad al edificio que lo albergaría, por lo que durante algunos años era un simple corredor que con posterioridad quedo inserto en un bloque de viviendas.
Volviendo al interior merecía mención aparte la embocadura de la pantalla, marginada por un friso de madera en la parte inferior y un artístico fresco de colores en la parte superior alegórico al cine y en que aparecían representados con muñequitos escenas cotidianas de cualquier tipo de género cinematográfico, policial, deportivo o bélico. Bajo este friso superior se encontraba gran parte de la iluminación de la sala, que de forma progresiva podía cambiar de color, el resto de lámparas se repartían en los techos del club y entresuelo en forma de plafones de iluminación indirecta. En el techo más alto sobre toda la sala se habían repartido decenas de focos que iluminaban la totalidad de la sala.


La pantalla y el patio de butacas del cine Lido visto desde las localidades más altas del club.

Marginado por ambos frisos el telón, confeccionado con tela Marman de color verde, y que ocupaba la anchura total  de la sala, veinticinco metros.  Bajo el telón un visillo blanco,  confeccionado al igual que el resto de cortinajes por los afamados Almacenes Rodríguez de la Gran Vía madrileña. Bajo estos se escondía la pantalla, modelo Miracle Mirror (espejo milagroso) de seis metros de altura por catorce de largo, dimensiones muy inferiores a la embocadura que la cobijaba.
Los paramentos laterales habían sido decorados con un alto friso de corcho aglomerado, ideal para absorber el sonido evitando molestos ecos. El resto de las pareces se habían engalanado con huecos entelados en rojo con molduras verdes, de formas redondeadas muy modernos que escondían los pilares de sustento del edificio lo que confería un ambiente muy futurista al gigantesco local.
Repartidos por toda la sala existían rejillas de ventilación y climatización que mediante el sistema de Clima Artificial hacía muy acogedor el local en invierno y relativamente fresco en verano.
El piso primero destinado a butacas de club era relativamente pequeño, ya que gran parte de su superficie la perdía con gigantesco hueco con balcón que habíamos indicado anteriormente. Su sencillo acceso a través de las dos grandes escalinatas laterales le hacía muy cómodo, además en esta planta se habían instalado aseos masculinos y femeninos en situación idéntica a los de la planta inferior.



Dos aspectos del vestíbulo superior y el club del cine Lido. 

 Sobre este el balcón del piso de entresuelo.

El resto de la planta estaba ocupado por los dos huecos de escalera de acceso a las plantas superiores y la rampa de club a la que se accedía por dos puertas laterales simétricas.



El piso destinado a club o preferentes, desde donde se tenía la mejor visión de la proyección.
De igual forma que en el patio de butacas las localidades se repartían en dos bloques surcados transversalmente por un pasillo de acceso que a la vez servía de frontera entre las localidades de preferente y posterior. En total 246 cómodas butacas más con perfecta visión de la pantalla y una espectacular panorámica del patio.
El edificio que había sido construido con estructura de hormigón armado lo que permitió que ambos balcones volaran sobre el patio de butacas dejando un hueco de veinticinco metros de luz. Dos gigantescas vigas construidas en hormigón armado soportaban el peso de los balcones de localidades, eliminando los molestos pilares tan engorrosos en este tipo de proyectos.



El piso segundo donde se encontraba el bar y accesos al entresuelo.


El segundo piso donde se encontraba el entresuelo era bastante grande y alto, creando un espacio ideal para el ambigú, donde además se instaló una gran barra de bar entre los dos huecos de escaleras y aseos que se repetían una y otra vez planta tras planta.


Perspectiva de la pantalla tomada desde la última fila del entresuelo, la famosa fila de los mancos.

Al fondo dos vomitorios muy anchos conducían a los espectadores hasta las localidades de entresuelo. Este balcón algo más retranqueado que el anterior destinado al club se había construido de forma escalonada con amplias bancadas de madera que subían vertiginosamente hasta la planta tercera. En esta rampa se habían instalado otras 402 butacas, que sumadas a las anteriores hacían un total de 1500 localidades de aforo.



Planta tercera, en ella se ve la rampa completa de entresuelo y el vestíbulo cuatro.

En lo más alto de la rampa se encontraba una puerta de acceso central que daba paso al vestíbulo de la planta tercera. Este vestíbulo era algo menor que el de la planta inferior y al quedar un poco más alta la salida que la rasante del piso se construyó un pequeño balcón, quedando la estancia en dos alturas, separadas por una barandilla y unidas a través de una pequeña escalinata central. En este vestíbulo desembarcaban la también los dos tiros de escalera que subían desde la planta baja y que continuaban subiendo hasta la planta cuarta donde estaba la cabina de proyección y resto de servicios de esta. En esta misma planta se encontraban también el aseo del proyeccionista y un almacén.

La planta cuarta del edificio de la que solo se ocupaba algo menos de la cuarta parte.

La planta cuarta estaba enteramente destinada a servicios del cine. En la parte central la cabina de proyección, que contaba con los más modernos sistemas contraincendios, construida con materiales incombustibles, alicatada en baldosín verde botella, y aislada de la sala por un pasillo de corte. En esta habitación se habían instalado dos magníficos proyectores marca Philips, modelo FP5 con refrigeración con agua y aire, con bombos para 1500 metros de película y linterna automática con hasta 90 amperios de intensidad. Contaba además sistema lector de sonido magnético de cuatro canales, y objetivo anamórfico para Cinemascope.  Además poseía un completo y muy moderno sistema de amplificación de Súper Alta Fidelidad modelo Perspecta.
El resto de la planta estaba ocupada por el cuarto del operador, completamente independiente, oficinas de dirección, contaduría y demás dependencias del cine.
Existía además una escalera acceso a la terraza que cubría esta parte del inmueble. El resto estaba techado con teja plana, que se soportaba sobre la gran estructura de celosía metálica, que cubría la sala. Bajo esta entramado metálico se soportaba la escayola del falso techo de escayola y los sistemas de refrigeración de la sala.

Uno de los dos proyectores Philips FP5 del cine Lido.


Espectacular imagen del interior del cine Lido tomada desde el estrado de la pantalla.


Seccion longitudinal de la sala. En ella se pude apreciar la sencilla y funcional distribución de cada uno de sus elementos.

La compañía constructora Agromán, encargada de la ejecución de las obras levanto el edificio en algo menos de un año, quedando listo para su apertura a mediados de 1955.
El edificio se inauguró oficialmente el día 16 de Octubre de ese mismo año, con un programa especial en sesión continua y la proyección de los films “La ventana indiscreta” y “Una vida por otra.”
A pesar de la cercanía de otros locales de proyecciones el cine Lido recibió una bienvenida apoteósica que mantuvo durante muchísimos años. El cine Lido tenía su clientela asegurada.

 El cine Lido una noche cualquiera de la década de los 60. 
                                                        El cine Lido una noche cualquiera de la década de los 60.
El cine continuó ofreciendo programación en sesión continua durante muchísimos años. Cambio sus butacas en varias ocasiones y fue mejorando y adecuando sus instalaciones a los nuevos avances del momento. En los años 70 quedó definitivamente encajonado entre dos inmuebles contiguos, quedando únicamente visible su moderna fachada.

El cine Lido a finales de los años 70, en cartel Superman. Madrid, Espasa Calpe. 1978


A mediados de los años 80 cambia su programación a estrenos, proyectando la misma cinta que decenas de cines más en la ciudad, lo que aumenta el precio de las localidades y disminuye el número de espectadores.
El cine Lido fue apagándose lentamente, y aunque fue muy popular y querido por los vecinos, especialmente la chavalería, terminado cerrando el cinco de febrero de 1992 con la proyección de la película “El padrino III.”
El local pasó algunos años cerrado y finalmente en 1994 fue completamente derribado su interior manteniendo tan solo en pie su sencilla fachada de ladrillo visto. El cine Lido murió en el 92 y lo que vino después no fue más que moderno lobo con piel de cordero, que a pesar de sus modernas instalaciones no termino de cuajar.
La reforma fue espectacular, en la fachada se hicieron seis nuevos huecos siguiendo las mismas líneas para dotar de luz exterior a sus dependencias.  El interior muy moderno, y amplio. Todas las plantas contaban con un vestíbulo de descanso que era surcado por un ascensor y un tiro de escalera, ambos acristalados. Existían tres barras de bar distribuidas a los largo de todas las plantas. En la planta baja se situaron tres salas, sobre estas ocupando el antiguo club dos salas más, esquema que se repetía en las plantas primera y segunda, teniendo la más grande de ellas 339 localidades y la más pequeña 121.


El moderno y reluciente nuevo Lido en 2009.
Antigua salida de emergencia del cine Lido en la calle de la Coruña.
La decoración interior mínima, tapizados en negro y comodísimas y amplias butacas. La proyección de todas las salas se realizaba desde tres cabinas que contaban con proyectores Victoria 5 de Cinemecánica y sistema de sonido Dolby Stereo y Digital.



El cine funcionó con programación de estreno desde el 26 de noviembre de 1996, incorporando nuevos sistemas de proyección digital 3D a principios de 2011, denominándose a partir de entonces  Lido 3D.  
A pesar de todos los adelantos y esfuerzos de la empresa por sacar a delante el negocio este cesó a mediados de 2013. A los pocos meses los multicines Renoir Cuatro caminos también se clausuraron dejando a la zona Bravo Murillo – Plaza Castilla sin ninguna sala de proyección. En la actualidad se barajan varios proyectos de recuperación del espacio incluidos los que borrarían por completo la fachada del antiguo cine Lido.


El moderno cine Lido en la actualidad a la espera de un nuevo uso.



Fachada y sección de un proyecto de reconversión del antiguo cine Lido




Especial agradecimiento a  José Martínez  y a  José Luis Toro por su colaboración, y a tanta otra gente que a aportó su granito de arena para hacer posible este post, de un local tan querido como olvidado.

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.
Fuentes:
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y Mary G. Santa Eulalia. 2000. Comunidad de Madrid.
Madrid. Espasa Calpe. 1978
Archivo de Villa de Madrid. 43-343-32
Fototeca del Patrimonio Histórico. Fotografías: Juan Miguel Pando Barrero.
Google Earth, visor cartográfico.
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