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10 de abril de 2017

EL CINE MORATALAZ


El cine Moratalaz se instaló en un edificio construido en un solar de propiedad de la Inmobiliaria URBIS situado en la parcela “H” de la unidad vecinal, muy cercano a la actual plaza del Encuentro antigua plaza de Pablo Garnica,  con fachada a la calle de Hacienda de Pavones frontera limítrofe entre esta parcela y la “G”.


Plano de la parcela “H”. Con un circulo señalado el emplazamiento en el que se instalaría el cine.

En inmueble construido en un solar con ligera pendiente se realizó con estructura de hormigón armado, muy cuidada ya que gran parte quedaría al descubierto simplemente pintada al silicato.  Los forjados cerámicos de las plantas del edificio y escaleras de acceso a la planta superiores se calcularon para cargas de más de 400 kg por metro cuadrado, reduciéndose a 350 kg en las zonas destinadas a locales comerciales.

El gran contenedor que formaba el edificio fue realizado con paños ciegos de ladrillo blanco visto, estructura que  únicamente se rompía en la fachada principal en la que se instaló a modo de cortina una gran celosía metálica que escondía un hueco cristalera de grandes dimensiones que daba luz al ambigú y la planta de cabinas.

En la parte delantera y con fachada a la calle de Hacienda de Pavones un saliente de hormigón armado de una sola planta daba cobijo a varios locales comerciales, dejando en su parte izquierda la entrada a la sala de proyecciones.



  
Las fachadas principal y laterales del proyecto original ligeramente modificado durante su construcción, se observa claramente el desnivel del terreno.

La cubierta se realizó con estructura de vigas metálicas sobre la que se realizó un forjado impermeabilizante cubierto de tela asfáltica, con ligeras pendientes para evacuación de aguas pluviales. Como única decoración superflua cabía mencionar las gigantescas letras metálicas retroiluminadas con el nombre del local, Cine Mortalaz, orientadas estratégicamente hacia su cara oeste con vistas a la plaza del Encuentro.


El cine Moratalaz recién inaugurado. (Imagen cedida por Ricardo Márquez)

De los nueve huecos para locales que se crearon en su fachada tan solo los dos laterales fueron utilizados para la entrada de espectadores al cine. El resto fueron adquiridos por una tienda de electrodomésticos muy conocida en el barrio “Radio Quer Mendez” que amplió su espacio adquiriendo el local anexo, y en el extremo opuesto a la entrada al cine se instaló un bar cafetería, antesala de la sesión cinematográfica.
Traspasando cualquiera de las puertas que cerraban el porche de entrada nos encontrábamos con un gran hall donde estaban las taquillas y el verdadero acceso al cine. Subiendo dos peldaños y dejando a la izquierda las taquillas nos adentrábamos en un gran vestíbulo, muy alto y alargado inundado de luz natural y que corría paralelo a la fachada principal.


Un aspecto del amplio vestíbulo principal del cine tomado desde el extremo opuesto al que estaba su entrada. (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Cristóbal Portillo.)

Frente a la entrada se encontraban los aseos para señoras y caballeros, junto a estos, dos puertas de desalojo a la calle lateral y en el otro extremo la contaduría y el despacho de dirección, pared con pared con las taquillas. El amplio vestíbulo estaba solado con mármol y decorado con sencillez, dejando ver alguno de los  pilares de hormigón al descubierto, y decorando sus paredes con paños de ladrillo blanco visto o enlucidos con mortero y pintados en tonos claros. El techo era una gran plancha de escayola corrida que escondía la iluminación indirecta, escasa tal vez, pero que se veía reforzada por la gran cristalera que iluminaba y ventilaba la estancia. En el extremo opuesto a la entrada se situaba el bar, y junto a este una pequeña puerta de acceso al sótano donde se encontraba los cuartos de servicio del cine.


Planta baja del cine en la que se excluyen los locales comerciales anejos.

El acceso al patio de butacas se realizaba a través de seis puertas dobles, dos de ellas colocadas en los laterales de la sala, y otras cuatro en el centro. Todas conducían a sendos pasillos que recorrían de lado a lado el patio de butacas. El suelo de “Sintasol” se había instalado sobre una estructura de  forma parabólica confiriendo una perfecta visión de la pantalla desde cada una de las localidades. Las butacas estaban realizadas en madera con asientos abatibles de muelles y tapizadas con tela aterciopelada. En el patio de butacas había 946 localidades repartidas en dos amplios grupos, con tres pasillos longitudinales que ocupaban una superficie total de 890 metros cuadrados. Las paredes de este gran cubículo estaban enteladas del mismo color que las butacas, y formaban un alto paño en sus cuatro caras, sin adornos, salvando únicamente un ancho listón protector de madera que resguardaba la pared de golpes a una altura de medio metro del suelo.
El techo de igual forma era una gigantesca plancha de escayola ligeramente curvada  que resguardaba la iluminación indirecta que se deprendía por los extremos de esta. Todos los materiales utilizados eran ideales para una perfecta absorción de las reverberaciones.


Un aspecto del patio de butacas desde el fondo de la sala. (Imagen Ricardo Márquez)

Los muros contaban además con cámara de aire y doble ladrillo hueco lo que le confería a la sala un perfecto aislamiento térmico del exterior. En el muro frontal, donde se instaló la pantalla no existía ningún tipo de embocadura, simplemente un gigantesco hueco que se cegaba con las cortinas, tras las que se escondía una gigantesca pantalla panorámica apta para proyecciones en Cinemascope. Contaba con un pequeño estrado bajo la pantalla muchas veces utilizado para reuniones de accionistas de la empresa Urbis.


 Espectacular imagen del interior de la sala del cine Moratalaz.
(Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Cristóbal Portillo.)

En el patio de butacas existían dos salidas de emergencia, una en cada lateral para desalojo en caso de siniestro. El local contaba además con todos los adelantos y sistemas en prevención de incendios.
Volviendo al vestíbulo y frente a las puertas de entrada al patio de butacas se construyeron las escaleras de acceso a la planta superior, estás se desarrollaban de forma imperial, con un primer tramo más ancho que se partía en la mitad de su trayecto en otros dos más estrechos, está se construyó con peldaños de mármol, al igual que los vestíbulos, y pasamanos de madera, sustituyendo la barandilla por planchas de cristal templado unidas entre sí.   La escalera y los vestíbulos estaban muy iluminados de forma natural por el gran ventanal con celosía que detallamos anteriormente.


Parte de la gran escalinata de acceso al entresuelo. (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Cristóbal Portillo.)

Hay un detalle en esta escalera y es que en su frente, bajo la gran cristalera se realizó una pintura decorativa que abarcaba de lado a lado de esta, en la que se representó un cuadro de Francisco de Goya.

Todos los que imaginemos un cuadro de Goya para el vestíbulo de un cine de barriada pensaremos en algún cuadro simbólico, agradable… pues no, ni más ni menos que el fresco en cuestión era una copia de la tétrica obra titulada “Las Parcas” o “El Destino”, de la época más oscura del ilustre pintor, y que a mí, a nivel particular y siendo un crio no me trasmitiría más que miedo, y siendo un adulto y conociendo su significado más todavía.”
  


El cuadro titulado “Las Parcas” que se reprodujo en la escalinata de acceso al entresuelo del cine Moratalaz.

En la planta superior se construyó un gran vestíbulo de descanso, en él, existían diferentes estancias. A ambos lados de la gran escalera se encontraban los aseos para señoras y caballeros, un gran almacén u oficina, un vestuario para el personal femenino con su aseo propio, y una escalera de acceso a la planta segunda donde se había instalado la cabina de proyección. Además existían dos rampas o vomitorios de paso al entresuelo con sendas puertas de aislamiento.


Parte del plano de la planta de entresuelo.

Estos dos accesos culminaban en un gran pasillo que distribuía ordenadamente las localidades que se habían dispuesto en diez filas, lo cual conferían un aforo de 306 localidades más, que sumadas a las anteriores daban un total de 1252 butacas.


Una perspectiva del patio de butacas y el entresuelo al completo del moderno cine Moratalaz. 
(Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Cristóbal Portillo.)

Subiendo por la escalera que citamos anteriormente y que partía desde el vestíbulo superior llegábamos a la planta segunda o de cabinas, donde se habían instalado diversas dependencias de servicio.
Un amplio hall dejaba daba paso a la izquierda a un cuarto destinado a vestuario masculino, con su aseo; otra puerta comunicaba con un amplio almacén, una tercera con la azotea que se cernía sobre parte del vestíbulo inferior y que quedaba oculta tras la celosía, y la cuarta y última daba paso a la cabina de proyección. Para acceder a la cabina de proyección había que subir una pequeña escalera con baranda de hierro, en el extremo opuesto de la estancia otra escalera bajaba de nuevo para dar paso al cuarto de control y del operador. Este último a su vez se comunicaba con la entrada por otra puerta a la azotea. Era una cabina de proyección muy amplia y cómoda, con mucho espacio para trabajar.


Plano de la planta de cabinas y control.



La cabina de proyección del cine Moratalaz. (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Cristóbal Portillo.)

La cabina contaba con dos proyectores Cinemecánica provistos de equipos sonoros y con iluminación por arco y espejo, bombos para 1000 metros de cinta y rectificadores de selenio de 100 amperios. Además poseía un proyector de diapositivas para anuncios y un equipo de sonorización ambiental. Todo el espacio fue alicatado y sellado con dos puertas metálicas, además poseía el sistema de duchas sobre cada uno de los proyectores para casos de incendio. Contaba con pasillo aislador entre la cabina y la sala impidiendo la propagación del fuego a través de los huecos de proyección.


Sección del edificio del cine Moratalaz, obsérvese las dos grandes vigas de hormigón armado que cruzaban de lado a lado el edificio y que soportaban todo el peso del entresuelo.

En el sótano al que se accedía por una escalerita desde el vestíbulo principal existían diferentes estancias. En la primera y más grande se había instalado la caldera de calefacción, capaz de 250.000 calorías hora y que contaba con un quemador de petróleo. Junto a esta se encontraba el grupo electrógeno para caso de emergencia, con un motor de explosión a gasolina que accionaba un generador de corriente alterna de 220v y 45 kw. En otra estancia se encontraba el “Clima Artificial” o acondicionador de temperatura, compuesta por dos compresores frigoríficos de la marca Wortington para 60.000 frigorías/hora cada uno, y una cámara de refrigeración por cortina de agua.


Planta sótano destinada a maquinaria.

Existían en esta planta además un cuarto destinado a alumbrado supletorio compuesto por doce baterías con rectificador a 12 voltios, lo que proporcionaba un alumbrado continuo en determinados puntos de sala para casos de emergencia.


El cine construido por la inmobiliaria Urbis y propiedad de la Compañía de Empresas Reunidas S.A. (C.E.R.S.A) abrió al público en 1963, con modalidad 2º reestreno en sesión continua desde las 4 de la tarde, cambiando de programa los lunes y jueves.
El local, situado en uno de los lugares más céntricos y concurridos de la nueva urbanización tuvo un éxito arrollador, especialmente en las sesiones de los viernes por la tarde, en los que la chavalería hacía fila que llegaba hasta la plaza de Pablo Garnica para ver la película.


El cine Moratalaz en los años 70 en pleno apogeo. (Imagen cedida por Ricardo Márquez)

La sala era abarrotada cada tarde y noche por centenares de personas, en otras ocasiones fue utilizado como centro reuniones de Urbis, donde realizaban sus concentraciones de accionistas.

Fueron años de bonanza hasta que en 1970 la familia Reyzabal abrió otro local no muy lejos de este, el cine Garden en la avenida de Moratalaz, más grande y moderno, con lo cual la clientela se repartía entre ambos.
  
  
Un aspecto de la zona comercial con el supermercado Sarma en primer plano y el cine Moratalaz tras él. Años 70. (Imagen cedida por Ricardo Márquez)

El cine Moratalaz fue perdiendo público al igual que los demás cines de barrio y terminó cerrando en el año 1984.
Después de algún tiempo cerrado, el espacio se comenzó a subdividir en plantas, perdiéndose por completo la antigua fisonomía del edificio. La gran celosía frontal fue desmontada dejando ver su gran ventanal y dando más luz al interior del local. Se levantaron nuevos forjados y se desmanteló por completo la planta de entresuelo, confiriendo en la actualidad tres alturas más sótano.
En un principio las plantas superiores fueron ocupadas por la sede madrileña de la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza, quedando la planta baja ocupada por el centro de Salud Insalud, que servía para descongestionar en parte el único centro existente en la zona. El resto de negocios comenzaron a cambiar cada cierto tiempo.


El edificio del cine Moratalaz reconvertido en nuevos usos. Imagen de los años 90. Obsérvese el centro de salud.( Imagen perteneciente a la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza)


Otra imagen del inmueble en la actualidad.

El lugar está irreconocible, a mí personalmente me costó un rato encontrarlo, desfigurado y modernizado el antiguo local pasa desapercibido totalmente y tan solo queda en la memoria de los que lo vieron y vivieron.


Especial agradecimiento a Ricardo Márquez y a su blog Historias Matritenses por su colaboración.

Autor: David Miguel Sánchez Fernández.

Fuentes:
-          Archivo de Villa de Madrid. Signatura: 991-917-116884 y 992-036-122183
-          Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Cristóbal Portillo.
-          http://escuelascatolicas.es
-          Google maps. Visual maps.





8 de febrero de 2017

ÚLTIMO ADIÓS AL CINE PALAFOX.

Triste y desalentadora noticia, una vez más titular de muchos periódicos, la noticia ha corrido rápidamente a través de las redes. Un lector, un amigo José Luis Toro me daba la triste noticia, el cine Palafox de la calle Luchana cerrará el próximo día 28.

Gigantescas colas a las puertas del moderno cine Palafox. (El Confidencial. Archivo Ramón Gómez)

Cincuenta y cinco años nos separan desde la espectacular apertura de este local en el año 62, con el que la familia Gómez Ezquerra hacía una gran apuesta. La sala, una de las más grandes del centro de la capital fue subdividida en tres en los años 90, pero a pesar de ello, y de los diferentes tipos de programación que se idearon la sala ha dejado de ser rentable.




Publicado el 28 mar. 2017
El 28 de marzo se cumple un mes del tan mediático cierre del cine Palafox de Madrid. Sunset Cinema y la productora audiovisual Pocket Rocket Films presentan el corto-documental homónimo AU REVOIR, PALAFOX: el testigo audiovisual del fin de una de las salas de cine con más historia de la ciudad. Descubrimos su legado y esencia con el testimonio de sus protagonistas, aquellos que lo han visto crecer y han vivido el esplendor del sector cinematográfico en el distrito de Chamberí.

El carismático Palafox apagó su proyector para siempre tras una emocionante y sonada semana final en la que los eternos Humphrey Bogart e Ingrid Bergman se convertían en las últimas estrellas en brillar sobre la magnífica pantalla de la inigualable SALA 1 del Cine Palafox con Casablanca.

8 días intensos e inolvidables en los que el cine vivió una de sus mayores fiestas con cerca de 15.000 espectadores y 28 pases. Sin duda, todo un hito final en la trayectoria de este cine inaugurado en 1962, que en su última semana de apertura al público pudo ser testigo de una auténtica y apasionada movilización por parte de los amantes del cine en Madrid.

Desde Sunset Cinema reivindicamos el gran cine en la gran pantalla de una gran sala de un gran cine.

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15 de enero de 2017

EL CINE SAINZ DE BARANDA

En el año 1949 bajo un proyecto de Miguel de los Santos Nicolás, afamado arquitecto de la generación del 25, reconocido por sus trabajos junto con Eduardo Torroja en la Ciudad Universitaria Madrileña, se construye en un solar de pequeñas dimensiones, 366 m2 aproximadamente un edificio para viviendas de alquiler y en cuyo seno iría inserto un local para proyecciones cinematográficas.
El lugar elegido para construir el edificio fue un solar despoblado hasta el momento en la calle de Sainz de Baranda nº 26 propiedad de Files S.A.
El inmueble se construiría completamente con estructura de hormigón armado, teniendo una única fachada a la calle, realizada de forma simétrica con ladrillo fino de cara vista, teniendo como únicos adornos superfluos un cuerpo central que sobresalía de la fachada, y pequeños  detalles realizados en dinteles de ventanas de todos los huecos. El edificio se dividió en dos bloques, cada uno de ellos recorrido por una escalera independiente, con dos viviendas por planta ambas exteriores.


 Alzado original para el inmueble Sainz de Baranda 26. Obsérvese la entrada al cine en la parte central, y el cartel con el nombre de Cine Retiro.

Aunque en la memoria original se indicase que las tres primeras alturas ocupadas por el cine y los portales de las viviendas iban a ir completamente forrados con un revoco pétreo, imitación de piedra caliza, realmente no se ejecutó de esta manera, quedando únicamente enmarcado con piedra el hueco central de acceso al cinematógrafo, haciendo confluir las miradas de los viandantes hacia este. Originalmente se denominó Retiro, aunque finalmente abrió con el nombre de Sainz de Baranda, al igual que la calle en el que se encontraba.


Espectacular imagen del año 1953 donde se ve una calle completamente despoblada de vehículos, y el reluciente inmueble del nuevo Cine Sainz de Baranda.

Como hemos indicado la entrada a la sala se encontraba marginada por los portales de acceso a las viviendas y no era más que una pequeña portada de piedra de dos alturas, con una cristalera en la planta de entresuelo perteneciente al ambigú, bajo esta, tres puertas dobles de acceso al vestíbulo principal. Entre ambos se había dejado espacio para el bastidor donde se colocarían los cartelones de la película en proyección, y en lo más alto las letras de neón rojo con el nombre de la sala. A ambos lados de las puertas se encontraban las minúsculas taquillas, sobre las que como era costumbre se colocaron dos grandes vitrinas para los afiches y notas de la película.


Planta baja o calle del cine Sainz de Baranda. Véase su sencilla distribución.

La sala era realmente pequeña, y tras pasar la puerta de entrada no encontrábamos un minúsculo vestíbulo decorado con sencillez. Su techo no era muy alto y estaba decorado con un gran plafón de escayola que servía de lámpara, la iluminación se veía reforzada por varios apliques modernos. Los paramentos laterales se pintaron con pinturas claras al estuco y los suelos se solaron mármoles de diferentes colores. A ambos lados y de forma completamente simétrica se encontraban las escalinatas que subían al entresuelo, y bajo estas, dos puertas de acceso al sótano, independientes cada una de ellas dedicadas a aseos para caballeros y señoras.


Un aspecto del pequeño vestíbulo de entrada del cine.

En la planta de sótano existía además un gran espacio destinado al sistema de calefacción por carbón y clima artificial además de contar con un generador en caso de corte del suministro, al que se accedía desde una portezuela frente al aseo de caballeros.


Proyecto original de la planta sótano, que sufrió algunos cambios en la realidad.

El vestíbulo tenía dos alturas quedando el más bajo paralelo al patio de butacas, recorriéndole este de un extremo al otro del edificio y dando salida a la calle por otros dos huecos uno a cada lado del edificio, confiriendo a la sala mucha seguridad en caso de evacuación.
Este vestíbulo más alargado tenía cuatro puertas centrales de acceso al patio de butacas, prácticamente enfrentadas a las salidas a la calle. Tras ellas un espacio vacío servía de acceso a las localidades que se habían dispuesto de forma muy ordenada. El suelo del patio de butacas tenía una ligera curvatura, siendo la parte central la más baja, consiguiendo de esta forma una perfecta visión de la pantalla desde cualquiera de las 297 localidades que lo componían.


Un aspecto de la pantalla desde el patio de butacas.

La decoración interior del local era muy sencilla, los suelos fueron revestidos de pavimento plástico continuado “Sintasol”, las paredes tenían un alto zócalo de tableros y el resto hasta llegar al techo se había decorado con molduras de escayola siguiendo un sencillo patrón de cuadrantes coloreados en dos tonos.  El techo bajo el piso de entresuelo había sido decorado con un gran plafón retroiluminado idéntico al del vestíbulo, iluminación que se veía reforzada por varias lámparas colocadas de forma simétrica. El techo más alto se había realizado con escayola ondulada colocada de forma escalonada, que además de engalanar el espacio ofrecía una excepcional sonoridad a la estancia, absorbiendo cualquier tipo de eco.
La pantalla estaba marginada  por una moldura de escayola y cubierta por un gran telón de terciopelo. Esta se encontraba sobre un estrado con poco fondo apto únicamente para proyecciones.
Volviendo al vestíbulo y subiendo por cualquiera de las dos escalinatas llegábamos hasta otro vestíbulo, que tenía muchísima luz ya que poseía una gran cristalera sobre la puerta de entrada.


La planta de entresuelo del cine Sainz de Baranda.

Este tenía poca altura, y era realmente pequeño; como dato curioso indicar que según el proyecto original no poseía ni bar ni guardarropía, muy posiblemente debido a sus pequeñas dimensiones.


Una imagen de pequeño vestíbulo superior.
Se había engalanado como el resto de la sala de forma sencilla y funcional, suelos de mármol, paredes estucadas y techos de escayola ondulada al igual que el interior del patio de butacas. Existían dos puertas dobles de dos metros de anchura de acceso a la rampa de entresuelo. Este tenía mucha inclinación, dando perfecta visibilidad a todas las localidades. En él se habían instalado otros 153 sillones, muy cómodos y diferentes a los del patio, dando más categoría a las localidades de entresuelo que a las de platea. En la parte posterior sobresalía la cabina de proyección, dejando a ambos lados de esta, cuatro butacas en conocida “la fila de los mancos.”



Dos espectaculares imágenes del interior de la sala días antes de su apertura. Obsérvese su sencilla y funcional decoración.

El vestíbulo del piso superior como habíamos indicado anteriormente servía de descanso y poseía además, en su lateral derecho y traspasando un grueso cortinaje un único aseo para caballeros y otro para señoras. En el extremo opuesto de la estancia una puerta nos conducía por un amplio pasillo hasta una escalera, dejando a su paso una pequeña habitación, almacén con vistas a la calle. Subiendo por la estrecha y serpenteante escalera llegábamos hasta la planta primera; un pequeño distribuidor iluminado mediante un patinillo, daba acceso a un aseo para empleados, y a un angosto pasillo que desembocaba en una amplia habitación destinada a cuarto de repaso y preparación de las cintas. En el camino a esta estancia una puerta nos comunicaba con la cabina, de nueve metros cuadrados donde se habían instalados los equipos de proyección de 35 y 70 mm y el amplificador del sistema de sonido. Poseía además el pasillo de seguridad para la evitar la propagación del fuego en caso de accidente y todos los adelantos en sistema de extinción y señalización. Este espacio contaba además con ventilación directa a un patio del inmueble, haciendo más soportable las altas temperaturas que se alcanzaban en la época estival.





La planta primera o de cabinas y secciones transversales y longitudinales de la sala.
 
La estructura del patio de butacas al igual que el edificio de viviendas se había realizado con hormigón armado, soportando el peso del entresuelo dos vigas pórtico de nueve metros, y otras cinco más sobre el cielo raso de toda la sala que además soportaran parte del peso de las seis plantas superiores de viviendas.
Concluidas las obras y concedidas la pertinente célula de habitabilidad, el cine abre sus puertas el día 4 de abril de 1953, con la proyección en sesión continua de las cintas: “Diez valientes” y “El secreto de Paula” ambas de reestreno.

 


El local programaba cintas desde las cuatro de la tarde en sesión continua, con llenos todas las tardes y noches. En 1976 ofrece una programación diferente y especial junto con el cine Bahía de la calle Cartagena nº 30, sumándose poco después en agosto de ese mismo año a un circuito junto con los cines Pompeya, Palace, Peñalver, Infantas, Rosales y Gayarre.




En los años 80 se reforma por completo, dándole un aire más moderno y acorde a los tiempos, cambian sus sistemas de sonido y proyección y reduce drásticamente su aforo a 380 localidades. En él se seguían proyectando cintas en sesión continua denominadas especiales, ciclos y reposiciones, denominándose sala de Arte y Ensayo. Cierra a finales de los 80 y tras algunas obras reabre nuevamente para clausurarse definitivamente en 1992.
Pasó muchos años tapiado y olvidado, mientras los vecinos pasaban inertes ante su puerta esperando una nueva resurrección que no llegó nunca. En 1998 unas obras alertaron a la vecindad que se puso en pie de guerra ante la pérdida de otro espacio cultural en la capital, pero no llegó a ninguna parte.
El local fue completamente desmantelado dejando al descubierto la estructura de hormigón armado original, se adecuó a un nuevo uso, y abrió de nuevo reconvertido en un espacio dedicado a los niños. Un gigantesco parque de bolas de varias alturas donde los peques se divierten cada tarde igual que hicieron sus ancestros en ese mismo lugar. La portada se conserva, un poco deformada, y tan solo el nombre del local nos recuerda que en aquel lugar existió un pequeño pero muy coqueto cine de barrio, el cine Saínz de Baranda.
  

Una imagen actual de lo que fue el cine Sainz de Baranda hoy reconvertido en Cine Aventura Agüí.


Autor: David Miguel Sánchez Fernández.
Fuentes:
Madrid y el Cine. Pascual Cebollada y María G. Santa Eulalia. Madrid 2000. Comunidad de Madrid.
Archivo de Villa. Expediente nº 44-106-45
Fototeca del Patrimonio Histórico. Imágenes de Pando. Juan Miguel Pando Barrero. PAN-58453 a PAN-58458

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